Cuando dos o tres pediatras trabajan en el mismo lugar, el software suele resolverlo mal por alguno de los dos extremos: o todos ven todo —incluidas las historias clínicas y la facturación de los demás— o cada uno termina con una cuenta separada y la secretaría manejando tres sistemas.
Acá el consultorio es uno solo: una agenda, un mostrador, un catálogo de coberturas. Pero los pacientes tienen profesional propietario, la facturación es de cada CUIT, las claves de IA son personales y cada médico elige con qué obras sociales atiende en la turnera. Se comparte lo que se decide compartir, y queda registrado.